Reseña: Luz Virtual, de William Gibson

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Reseña de "Luz virtual" de William Gibson (MInotauro)

Autor: William Gibson
Páginas: 384
Editorial: Minotauro
Año de publicación: 2022 (Primera publicación 1993)
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Sabéis que con el cyberpunk no soy imparcial. Y con William Gibson (reverencia) muchísimo menos. Así que no voy a hacer el paripé de hacer como que soy objetivo para ahorraros a vosotros fingir que lo creéis, y voy directo a la reseña: Luz Virtual no revoluciona la literatura, ni tan siquiera la literatura de ciencia-ficción, pero me ha gustado.

Luz virtual (1993) forma parte de la llamada «Trilogía del puente» (junto a las dos siguientes entregas, Idoru (1996) y «Todas las fiestas del mañana» (1999). Tiene gracia que un libro cyberpunk escrito en el 93 esté ambientado en 2005 pero yo creo que ya hubo un momento en que llegamos a un punto en que, viendo los avances del «mundo real» teníamos que empezar a asumir que los mundos cyberpunk eran un universo Marvel alternativo, o algo así, porque había cosas que ya no se sustentaban.

Dicho lo cual, pasemos al detalle.

Ambientación

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

Del San Francisco del futuro (olé tú, Gibson, 2005, di que sí) poco vemos. La acción se centra mucho en un lugar llamado «el puente», una especie de comuna de vagabundos construida precariamente a modo de Marina d’Or del chabolismo urbano. Lo que sí hace es hablarnos de muchos aspectos de la sociedad: las drogas, la vacuna del sida, el racismo, la religión, la tele…

Este tío lleva el cyberpunk en las venas, eso está claro. Es por eso que, independientemente de la capacidad narrativa, la ambientación es tan lograda que… Joder, ¡es el puto padre del cyberpunk, lo que diga él va a misa! Ahora algo más en serio, la ambientación es lo mejor de la novela y consigue hacerte a la idea del mundo sin recurrir a párrafos aburridos con descripciones de «mira, pasó esto» o «es que esta cosa funciona así». Es el máximo exponente del «muestra, no expliques».

Habrá otros párrafos largos y aburridos, pero no es por explicar cosas.

Personajes

⭐️⭐️⭐️⭐️

Cyberpunk = fracasados. Y aquí tenemos un montón de ellos. En primer lugar Rydell un ex-policía al que echaron por una cagada y que en una empresa de seguridad privada… spoiler: también le van a echar. Así que, como si un personaje del juego de rol cyberpunk 2020 se tratara, el bueno de Rydell consigue «un trabajito». El típico trabajito que va a ser fácil y sencillo y que, adivinaste, termina por no serlo.

Mención especial para su compañero de patrulla, Sublett, que profesa una muy común religión en ese futuro basada en ver la tv porque, mediante las películas nos habla Dios. No seré yo quien se meta con religiones ajenas y prefiero eso que tres cuartos de hora de misa, la verdad.

La otra protagonista principal, Chevette, es una repartidora que un día mete las narices donde no le llaman, y… (ver sección «Historia: cómo hacer un McGuffin»). La verdad es que como personaje es bastante «pasivo», se limita a ir dando tumbos de acá para allá donde le lleva el viento… pero tampoco estorba, como esas novelas en que dices «Oh, no, ahora toca un capítulo de X personaje, qué pereza» (hola, George R. R. Martin).

Los villanos la verdad es que están muy bien construidos. O sea, no es que tengan una profundidad de personajes de flipar, pero con pocas pinceladas los hacen carismáticos y te acuerdas fácilmente de ellos. Yo, la verdad, es que a un libro como este no le pido más. No doy nombres para no revelar sorpresas de la trama, pero a mí, personalmente, me gustaron bastante.

Historia

⭐️⭐️

Creo que en la definición de McGuffin debería salir una foto de las gafas que persigue todo el mundo en este libro. De verdad. Porque podrían ser unas gafas, el chiste perfecto o los planos de la Estrella de la muerte porque da exactamente igual. Es la excusa para que la trama avance y los personajes vayan de aquí para allá.

Se utiliza en muchos libros, películas, cómics y demás y, por lo que a mí respecta, no tiene nada de malo en sí mismo. Lo que pasa es que, cuando te sientas a analizar el libro para hacer la reseña, pues uno se lleva el dedo a la barbilla, así como para pensar, y te dices «coño, pero si es que realmente la novela no va de nada». Y así es. Vienen, van, pium-pium, las gafas por aquí, las gafas por allá, y ya está.

Narrativa y estilo

⭐️⭐️

Te puedes ahorrar el siguiente párrafo entero si lees esto: La narrativa es correcta, pero sin aspavientos.

Y es que, sin tener grandes «peros» ni momentos especialmente deslumbrantes esto le haría llevarse tres estrellas (no os creáis que es sencillo escribir «no-mal»), lo que pasa es que, entre que hay algunas partes que dedica a un japonés que aparece de la nada en las que nos cuenta un poco su vida que no nos interesa a nadie, y que en otras ocasiones se le va un poco de las manos hablando de Shapely, el santo del sida, pues la cosa desmerece un poco.

No está mal, conste, tampoco os llevéis una idea equivocada por las dos estrellas, es solo que… bueno, tiene algunas partes menos entretenidas.

Conclusión

⭐️⭐️⭐️⭐️

«Luz virtual» es una novela cyberpunk con todo lo bueno y todo lo malo que ello conlleva. Tiene una ambientación muy marcada, personajes que no aspiran a mucho más que a salvar su propio pellejo y cero aspiraciones literarias más allá de entretener.

Aun así encuentra sitio para la crítica social (desde los ojos y problemas de 1993) y para pasar un buen rato leyéndola. Próximamente volveré con las dos siguientes entregas, en cuanto acabe otra cosilla que tengo entre manos con el bueno de Brandon Sanderson…

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