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Creación de personajes (I)


De entre todos los elementos que conforman una novela son los personajes los que, en muchas ocasiones, hacen que esta enganche o, en caso contrario, que le de al lector igual si el personaje principal conseguirá llevar el anillo al monte del destino o si Lady 3Jane resulta ser el conejo de Alicia. Lo primero que tenemos que evitar es esta pasividad del lector ante nuestros personajes. Los problemas de estos deben ser sus problemas. Si vuestros lectores de prueba os dicen que la historia no les enanchaba al punto de que mientras la leían no les importaba qué les iba a pasar a los personajes, no te lances a cambiar la historia, antes revisa los personajes.

Son varios los consejos que se pueden tener en cuenta desde el primer momento en que comienza la creación del personaje, en su primera etapa, cuando es solo un concepto vago, un actor necesario o un sentimiento germinal. Algunos de ellos ya los conoceréis, otros no os serán de ayuda. Pero si al menos uno de ellos os sirve, podréis dar por bien aprovechada esta lectura, porque estas cosas se repiten una y otra vez cada vez que escribimos una historia.

1.- Roba a los famosos. Sus caras, sus gestos, incluso los papeles que desempeñaron en tal o cual película, no solo les pertenecen a ellos, sino también a ti, y tienes el derecho de usarlos en tu beneficio. Solo con que procures no apellidar al personaje Eastwood, podrás utilizar su cara, esa mueca de desagrado que solo él sabe poner, o el papel que interpretó durante la primera media hora de Gran Torino para que sea el vecino de tu personaje principal, o el propio protagonista, venido del futuro para prevenirse a sí mismo de un terrible acontecimiento.

2.- Roba a tus amigos y familiares. Igual que en el caso anterior, salvo que al tener más información puedes utilizar muchos más elementos. Solo tú sabes cómo es tu madre cuando se enfada, o qué hace tu compañero de trabajo cuando cree que nadie lo está mirando. Como también ocurre al robar a los famosos, puedes mezclar esos elementos, haciendo que la pareja de tu personaje principal tenga la simpatía de George Clooney en Urgencias, el cuerpo de Jennifer Lawrence y el instinto de supervivencia de Matt Damon cuando se convierte en Jason Bourne. No hay límites.

3.- Ciñe a cada personaje a su función. En tu vida diaria, el panadero es únicamente el panadero. Y tiene una función específica: vender pan. Seguro que no es un androide con forma humana creado con el único fin de vender pan, y él tiene una vida en la que será el personaje principal y tú seas solo un cliente más, pero eso no nos interesa. Lo mismo ocurre en una novela: no hace falta crear todo el árbol familiar de un personaje que solo va a aparecer un momento, ni saber qué hace en su tiempo libre alguien que morirá en la segunda página.

3.- La tierra no es plana. Si bien uso de clichés es muy útil a la hora de crear personajes, ni todos los funcionarios son vagos, ni todos los los informáticos son gordos. Sírvete de esos estereotipos si quieres, porque dan una idea muy inmediata al lector de algo que todos tenemos en mente, pero no abuses de ellos. Aunque sean personajes secundarios o extras, hacerlos especiales cambia mucho la experiencia del lector. Patrick Rothfuss, por ejemplo, es genial construyendo personajes secundarios (entre otros), si habéis leído El nombre del viento sabéis a qué me refiero.

4.- No utilices todo lo que tienes. Muchas veces nos vemos tentados a utilizar todos nuestros trucos, a justificar el tiempo que hemos dedicado para conseguir volumen en un personaje sacando a relucir todo su pasado, sus tics, las relaciones de su infancia... todo, aunque no tenga un valor específico para la historia. Si para crear a un personaje has estado tomado apuntes observando a tu esposo, tus padres y tus compañeros de trabajo, y has hecho un collage de fotos para crear un rostro nuevo y único, tendrás gracias a ello un personaje muy profundo, pero no por ello estás obligado a hablarle al lector de cómo pasó sus primeros años en la escuela, o de la pequeña cicatriz que tiene en la frente, fruto de la caída de un columpio. No si no aporta nada a la historia.

Hay muchos más, muchos más consejos y trucos que dar, y muchos más aún que yo conozco y que aprender, pero para un primer artículo sobre los personajes basten estos. Si cuando creamos nuestros héroes y villanos, nuestros compañeros inseparables y nuestros consejeros confidentes, y nos detenemos únicamente a pensar cómo hacemos lo que hacemos, y qué es lo que nos invita a crear un personaje de tal o cual modo, probablemente encontremos en muchos de nosotros estos consejos, que instintivamente algunos llevan a cabo sin detenerse a pensar en ello.

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