Robots, industria y ciencia ficción

Una persona para cada máquina, ¿estamos locos?
Esto es un blog de literatura y ciencia ficción, así que, ¿por qué meternos en economía, sociología y mercados?

Cuando alguien decide escribir según qué géneros, elige su propia maldición. El que escribe novela negra está condenado a estrujarse la sesera para tratar de ser más ingenioso que sus lectores, el que histórica a horas y horas de investigación para cada una de sus obras, y los que escribimos ciencia ficción tenemos que tratar de saltarnos la ciencia con su permiso o, en el caso de la ciencia ficción especulativa, estar siempre bajo la espada de Damocles de cagarla con nuestras previsiones de futuro.

Una de historia: El movimiento ludita

A principios del s. XIX el telar se llevaba usando ya desde tiempos inmemoriales, de uno u otro modo. Pero en la revolución industrial la aparición del telar mecánico jugó un papel muy importante. Y claro, no miles de puestos de trabajo que ya no eran necesarios. Aquí es cuando entran en escena los luditas, un grupo de artesanos que, viendo peligrar su negocio llevaron a cabo algunas acciones vandálicas rompiendo unos pocos telares y armando bastante jaleo.

Desde entonces se ha utilizado el término ludita (muchas veces de forma peyorativa) para denominar a aquellos que reniegan de la tecnología en todo o en parte, o que son reacios a los cambios o condenan ciertas consecuencias de avances tecnológicos.

En la actualidad

Más allá de que algún terrorista haya aprovechado el neoludismo como excusa para enviar paquetes bomba y demás barbaridades, existe una suma de movimientos e iniciativas aisladas con suficientes elementos en común como para considerarlas grupalmente.

La mayoría de ellas aboga por la vida tranquila, la huida del estrés, de las ciudades y, en parte, de la tecnología. Movimientos como la Small houses society (aquí el movimiento en habla hispana), Ciudades lentas, o Comida lenta.

Eso respecto a los movimientos, pero estos movimientos hoy en día, ¿a qué se anteponen exactamente?

Blogs para escritores

Los tres mosqueteros literarios... más o menos
Había otras imágenes, pero no molaban tanto
Si estás leyendo esto y no sabes quién es Gabriella Campbell, Ana González Duque o David Olier, ya estás cerrando este blog de tres al cuarto y yendo a ver un blog de verdad, como los suyos. Hale, a qué esperáis:

www.gabriellaliteraria.com
www.anagonzalezduque.com
www.cabaltc.com

Bien, sigamos. Porque de ellos tres vamos a hablar hoy. Son mis tres blogs de cabecera, cada uno de un modo, y todos a la vez. Gracias a ellos he aprendido (y sigo aprendiendo) técnicas de mercadotecnia adecuadas al mundo del escritor, trucos para sacar mejor provecho a mi tiempo, aspectos siempre nuevos sobre mi género favorito, y mucho más. Seguro que hay otros, pero estos son mis mentores, sin saberlo.

Gabriella Campbell

Estudió Teoría de la literatura* y lleva escribiendo toda la vida. Fundó una editorial, maneja la corrección y la edición, ha escrito poesía, fantasía, libros de ayuda para escritores... Pero todo eso lo podéis saber, y más, visitando su sección "Acerca de mí".

Gabriella controla todo el proceso que lleva un libro de la mente del autor a ponerlo en la calle. No me sorprendería de hecho que supiera encuadernar también. Habla muy deprisa, pero nunca se traba, y desde que la conozco tiene el pelo rosa. En parte, al menos. Además tiene un sentido del humor muy particular que te acaba haciendo gracia sí o sí. O eso, o la matas, pero como sigue viva, entiendo que hace gracia.

En su blog podréis encontrar todo tipo de ayudas, pero las más útiles para mí son las herramientas para escritores y las que hablan de hábitos, tanto cuáles adquirir como de cuáles deshacerse (pero ninguno de los que hagan monjes, por supuesto). Tenía que hacer un chiste en la sección de Gabriella, pero los suyos son mucho mejores peores mejores no sé.

Podéis comprar sus libros aquí

Ana González Duque

Anestesista, bloguera, escritora de ficción y de no ficción. Sí, he dicho anestesista. Ana es un ejemplo de alguien que empieza por una vía, pero su cuerpo le pide matar dragones con una mano y ayudar a otros escritores con la otra.

Actualmente cuenta con dos páginas: El fogón, en la que habla sobre fantasía y ofrece ayudas y consejos en ese ámbito, y Marketing online para escritores, donde lleva un podcast, ofrece cursos, y un blog más orientado puramente al maketing. Es mucho material para una sola mente, la verdad. Yo cuento con la ventaja de que no escribo fantasía (toco madera) así que con el segundo tengo más que suficiente, amén del podcast, que es de lo más entretenido.

Además, Ana hace unas labores de lectura e informe editorial excelentes, si la cantidad de trabajo se lo permite. Ha dejado atrás sus ocupaciones médicas y se dedica por completo a las labores relacionadas con la literatura, para fortuna del resto de los mortales como yo :)

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David Olier

La historia de David es similar a la (ya quisiera yo) mía. Cursó estudios de telecomunicaciones (como yo), trabajó de inegeniero (como yo) y un día descubrió que quería darle un giro a su carrera profesional (sí, también). Vale, hasta ahí las similitudes. Porque Olier ha publicado ya dos libros, ha preparado un curso de Scrivener para la la web de marketing de Ana González Duque, lleva un blog de éxito...

Habla de tres cosas, principalmente: Ciencia ficción, Scrivener, y escritura. Como habréis observado, los tres blogs de hoy hablan de escritura, así que de aquí también me nutro. Bebo mucho de la amplísima sección de ciencia ficción: consejos para no cagarla, cómo hacer las cosas creíbles, hasta dónde llegar... La ciencia ficción es lo mío, y es donde quiero perfeccionarme.

Además es un apasionado de Scrivener, y ha realizado el curso de Scrivener de la web de marketing de Ana González Duque. Si tenéis la más mínima curiosidad por saber de qué va el tema, no conozco a nadie que, en castellano, sepa más. Al menos, que lo publique gratis, como hace él.

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* Llevo desde que la conozco queriendo preguntarle qué es eso exactamente, pero no quiero quedar como el paleto que soy.

Cine cyberpunk: Johnny Mnemonic

Si me pidieran una lista de las películas que más han influenciado mis gustos en cuanto a género se refiere, sin duda una de ellas sería Johnny Mnemonic. Yo he nacido en 1981, por lo que al estreno de esta cinta, allá por 1995, tenía catorce años, uno o dos más cuando la viera aquí en España. La edad idónea para que un flipado de los juegos de rol, y en especial de Cyberpunk 2020 (1993) devorara la película con avidez.

Primero, un breve repaso al filme: En el año 2021 Johnny es un correo que utiliza su cerebro para transportar datos de forma segura. Su almacenamiento cerebral alcanza los 160 GB*, pero en un encargo le piden un envío del doble de espacio. Johnny sobrecargará su capacidad con el riesgo de morir a las 72 horas si no la extrae de su mente. Tras la carga todo sale mal, el código de desencriptado para volcar la información se corta y tendrá que escapar de todos aquellos que le quieren ver muerto, mientras descubre por qué es tan importante lo que lleva dentro de sí e intenta extraerlo.

Ahora retomemos la historia del quinceañero que era yo, viendo la película mil veces en el VHS de su casa hasta quemar la cinta. Recordemos que Keanu Reeves en aquella época era de lo más molón de los 90. Venía de "Le llaman Bodhi" (1991), "Drácula de Bram Stoker" (1992) y "Speed" (1994). Sería solo cuatro años más tarde cuando se convirtiera en Neo, el elegido de Matrix (1999) y la obra de los Wachowski fuera encumbrada como uno de los máximos estandartes el cine Cyberpunk, junto con Blade Runner y un par más.

Pues no me da la gana. Reivindiquemos Johnny Mnemonic.


Ambientación
Hemos de distinguir dos cosas. Por un lado, los elementos más puramente cyberpunk. Por otro, la estética de los 90. En el primer caso, la cinta cumple con nota: Yakuza, drogas, almacenamiento en el cerebro, gafas con guantes para entrar en el mundo virtual, un delfín con conexión neuronal, ¡si hasta salen los troceadores del juego de rol! Aún a día de hoy, la escena del acceso de Johnny a la red usando los guantes es un muy buen acercamiento a lo que el cyberpunk apuntaba que sería (y está siendo) el manejo en el futuro.

Los concursos trampa

No os dejéis llevar por el logotipo de la editorial
El burro delante. Yo he caído en alguno. Así que tampoco voy a ir de listo. Lo peor es que encima no lo gané. Pero por lo menos vosotros podéis aprender en cabeza ajena, y no hacer el gilipollas pardillo como yo.

Cuando no tienes nombre en el mundo literario (como yo) una buena forma de empezar a sonar es participar en concursos. Y ganarlos, por supuesto. Pero, ¿y si el concurso, además de ofrecerte la oportunidad de que tu nombre aparezca en prensa puede hacer que veas tu obra impresa? Tentador, ¿no?

Editorial Engañamucho lanza su 1er concurso literario
"Avers ipicas", premiado con 500€.
La obra ganadora, según un jurado que no especificamos, 
se editará en nuestra colección "Sacamos pasta".
Deberá enviarse una obra inédita 
de una extensión entre una y cinco mil palabras
de cualquier género. O solo de unos cuantos.
La participación en este concurso supone 
la aceptación de las bases, venta del alma y bla, bla, bla.


¿Qué cosas podemos identificar aquí? Primero, el nombre de la editorial. Suelen ser editoriales muy desconocidas, bien porque acaban de nacer, o porque aunque no sean nuevas no tienen un nombre en el mundillo literario. Por algo será, veremos ahora.

A continuación, el premio. Nada más llegar, que se vea. Quinientos eurazos. Ah, y la publicación de la obra. Espera, ¿la publicación de un libro es un premio? Por lo visto para algunos sí. Es como si al fichar por un equipo de fútbol el pago es que jugarás los partidos. Coño, es por lo que te tendrían que pagar, ¿no?

¡Ay, lo que hemos pasado por alto! Porque claro, está puesto entre los quinientos euros y la publicación de la obra, para que no repares en ello. Y es ese maravilloso jurado "compuesto por gente próxima al medio" o "compuesto por nuestro equipo de redacción" o "mi madre y mis amigas", que viene a ser un poco "quien a mí me dé la gana".

Tecnología del futuro

¡Un disco duro de 10MB! ¡El futuro!
Porque no queremos que nos pase esto
Tienes una novela de ciencia-ficción entre manos. Y para que sea apropiada al género tiene que tener eso: ciencia ficticia. Y empiezas a pensar. Es inevitable que te vengan a la mente ejemplos ya existentes que hayas leído en otras obras, pero eso no te obliga a caer en los mismos errores, no al menos en los más evidentes. Vamos a dar aquí unos pocos consejos para crear tecnología futurista creíble:

- La tecnología se da también en objetos cotidianos. Si le hubiéramos enseñado a un ama de casa de hace cincuenta años un aspirador de torbellino de esos que anuncian ahora por la televisión le parecería tecnología marciana. ¿Por qué nuestros nietos habrían de ver avanzar la tecnología solo en los centros corporativos? La forma de envasado, la posología de los medicamentos, las formas de entretenimiento... todo cambia con la suficiente tecnología.

- No hay por qué explicarlo todo. Es posible que se te haya ocurrido un genial sistema por el que el café pasa del grano al filtro de una forma higiénica instantánea y conservando el doble de su sabor, pero el lector no tiene por qué celebrar tus progresos. Los elementos tecnológicos en la ciencia ficción están ahí para crear ambiente, no para robarle protagonismo a la historia.

- Trátalo de forma natural. Incluso puedes darlo por hecho, y pasar de soslayo por cosas que el lector no tiene por qué entender. Según lo "ficcionero" que sea tu mundo habrá más o menos de estos elementos, pero acuérdate del punto anterior. Si le das mucho bombo y explicación a una thermomix que cocina en tres minutos un primer plato para doce personas, la cosa pierde la naturalidad que lo hace creíble. O al menos lo suficientemente creíble para quien habita ese futuro.

- Huye de lo evidente. Cada vez que aparece un coche volador en una película o novela de ciencia-ficción muere un gatito. De una forma cruel. Estamos de acuerdo en que está todo inventado, no hay que reinventar la rueda, y no por mucho madrugar amanece más temprano, pero desde los años treinta hemos conseguido ir a la luna, y nuestros coches siguen sin volar. Y quizá nunca lo hagan. Dale un giro d etuerca a lo que tienes imprimido a fuego en tu cerebro de lector, y pasa a ser revolucionario en tus inventos.

¡Autor en Goodreads!

No es la noticia del año. No se han hecho eco todos los periódicos del país (no me miréis así, ¿todos se han hecho eco de ello? No. ¿Alguno? Pasapalabra). Pero el caso es que ya figuro como autor en Goodreads. De momento únicamente con Microscopia, el juego de rol que creé en solitario y que ilustró magníficamente mi buen amigo Enrique Vegas.

Estoy intentando reclamar la parte proporcional de la autoría del libro "La audiencia ha escrito un crimen" donde publicaron un relato mío, pero parece ser que hay un tal "Varios autores" que no deja hueco para los demás. Tampoco pasa nada.

Creo que hay una sección "Pregúntale al autor", pero de momento no está precisamente abarrotada, que se diga xD.

Espero que todo esto se vaya llenando, con futuras colaboraciones y publicaciones. De momento, podéis ver tanto mi perfil como autor como el perfil personal en los enlaces.