¿La ciencia ficción requiere un cambio de lenguaje?

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Amy Adams en "La llegada"
Si no has visto “La llegada”, ya tardas. Peliculón.

Todos me conocéis como escritor de ciencia ficción, pero algunos de vosotros quizá sepáis de mi pasado rolero. Presente, mejor dicho, en la medida en que se puede. Pero, hasta la estabilidad actual, en la que solo dedico las sesiones con mis amigos a partidas de rol puro… Bueno, todos tenemos un pasado. Sí, Magic también. No me miréis así, era joven, el juego acababa de llegar a España… El caso es que, entre carta y carta, y bebiendo del juego de rol del mismo nombre, apareció Leyenda de los cinco anillos en mi vida. Y, con este juego, la carta de la polémica. Seguid leyendo, que más abajo lo explico. 

Como escritor cualquier cosa que uno escriba puede ser una tarjeta de visita o, más frecuentemente, utilizado en su contra. Es por eso, y porque me gustan las cosas bien hechas, que procuro siempre escribir correctamente en todo lugar, con el permiso de Twitter y su escasez de caracteres. Yo en concreto huyo de los anglicismos innecesarios, y digo aparcamiento en lugar de parking, contenedor en lugar de container y mercadotecnia en lugar de marketing. Lo sé, esta última es un poco excéntrica, pero me chifla. 
Pero cuando escribes libros la corrección es imprescindible. No me refiero a que tu texto pase por manos de un corrector profesional, que también, sino a escribir correctamente. Un corrector puede detectar que metes siempre la pata con la coma Oxford, o que eres laísta, pero hay otro tipo de “fallos” que dependen únicamente del autor y que, en la ciencia ficción, son tan graves como difíciles de detectar. 
La nave estalló en llamas ante sus ojos. Piezas de casco y fuselaje saltaron por los aires, entremezcladas con cuerpos ya sin vida.
—¡Madre de… 
¿Madre de qué? ¿Madre de Dios? ¿Madre del amor hermoso?

La carta de la discordia

Cosas como esta, que tienen sentido solo en el mundo en que uno vive, pueden deslucir mucho una obra. En el caso del que os hablaba al principio de la entrada, se dice que una victoria es pírrica cuando esta ha tenido un alto precio para el vencedor (rae). Esto es porque Piro, rey de Epiro en el s. IV, tuvo una victoria sobre los romanos en la que perdió muchísimos hombres. ¡Pero eso fue en Europa, la tierra! Si tus personajes no viven en la tierra, o por lo que sea no tienen conocimiento de la Europa antigua, no tiene sentido que utilicen esa expresión. De ahí la queja de algunos jugadores al respecto del nombre de la carta. Desproporcionada, a mi parecer, ya que no deja de ser un juego de cartas.

Ojo, ocurre lo mismo si uno escribe fantasía, steampunk o novela histórica, por ejemplo: prohibidos neologismos o, al menos, nada de expresiones posteriores a la época en que están los personajes.

Hablando de neologismos, y volviendo a la ciencia ficción: ¿os habéis fijado en la cantidad de términos nuevos que han aparecido, especialmente relacionados con la tecnología, en los últimos… treinta años? Ahora vamos a escribir una novela especulativa. Solo treinta años en el futuro ¿En serio no vamos a introducir ninguna palabra nueva? Ahí ya entra el saber hacer el escritor. Por ejemplo, en La naranja mecánica Anthony Burgess utiliza el nasdat, una jerga del futuro. Con raíces en el ruso y en el eslavo, introduce términos como dengo (dinero) y lubilubar (tener sexo con alguien) de una forma natural para los personajes, pero a veces algo tediosa para el lector. El equilibrio es complicado, pero muy agradecido. Una de las mejores críticas que he recibido de Escape de 21-13 es que los términos nuevos (que no explico) se entienden fácilmente según el contexto.

Del mismo modo que ahora no hablamos igual que nuestros padres y abuelos, y a ninguno se nos ocurriría ir a un guateque a mover el esqueleto, no tiene sentido que en el futuro hablen del mismo modo que nosotros. Y no digamos en otro plano, o en otro planeta. Otra especie no humana. Terminaré con un ejemplo:

El marciano salió de su nave, con los ojos de todo el planeta puestos en él. Las cámaras de televisión aumentaban el zoom de sus objetivos, mientras la gente que contra la valla se agolpaba apenas podía distinguir su silueta en la distancia. Habló, y su voz inundó todo el valle:
—Humanos, habéis ido por lana para salir trasquilados. ¡Fistros!

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