La revisión


Sí, el dibujo que encabeza el artículo es del infierno. Pero un infierno como los de antes, con fuego, brasas, azufre y todas esas cosas que lo convierten en un lugar encantador porque, sin andar muy desencaminado, es más o menos en lo que consiste la revisión. Avisados estáis.

Nadie dijo que completar una tarea como una novela fuera algo sencillo. A fin de cuentas, cualquiera puede juntar palabras hasta hacer doscientas páginas, pero eso no es escribir, ¿verdad?

Antes de hablar de la revisión hay que distinguir dos modos en que uno se pone a escribir, en el primer momento, cuando se sienta ante el ordenador (por Dios, por Dios, decidme que usáis la tecnología a vuestro favor, que escribir a mano es muy romántico, pero no estamos como para desperdiciar utilidades). Hay quien escribe directamente "en limpio", todo lo limpio que puede escribir uno estando enfrascado en la producción; y hay quien escribe a cascoporro, produciendo sin parar, y luego ya en la revisión depura el texto.

Por muy bien que uno crea hacerlo en la primera escritura, nada nos va a librar de revisar varias veces ese texto que cuando escribimos la palabra "Fin" dábamos por terminado, y una vez hemos acabado esta primera fase es cuando realmente empieza el trabajo en serio.

Funciones de la revisión: 

La revisión en una novela tiene una doble función: corregir los errores (tipográficos, gramaticales o de otro tipo) de los que no se libra nadie, y modificar (a veces también corrigiendo) la parte argumental de la obra.

De lo primero no hay mucho que decir, más allá de aclarar que, cuanto más se lee, mayor conocimiento tiene uno de la gramática, y cuanto más escribe, más habilidad se adquiere con el teclado (artículo relacionado). Aparte de eso, hay que releerse mucho a uno mismo para darse cuenta de las muletillas que empleamos al escribir. Si te gusta la comparación de unas arrugas con los nudos de un árbol es correcto que la utilices, pero no que lo hagas cada dos páginas. Ha de tener cuidado extremo cuando además estas expresiones no son habituales y llaman la atención del lector, porque detectará con facilidad su reiteración. Encontraréis un ejemplo práctico de esto si leéis "El nombre del viento" y observáis que se mira "de hito en hito" con demasiada frecuencia o, en su continuación, "El temor de un hombre sabio", que la gente se cae "en un lío de brazos y piernas" o está permanentemente convirtiendo "su boca en una fina línea". Si Patrick Rothfuss no se libra de esto, no habremos de ser nosotros menos...

El otro aspecto de la revisión implica cambios más profundos, cambios que solo el autor puede hacer: variar la longitud de un capítulo demasiado corto o demasiado largo, añadir, eliminar o fusionar personajes, alterar el orden de ciertos acontecimientos... todo aquello que hace redonda la obra, y puede encumbrarla al Olimpo de la literatura (o a los éxitos de ventas, pero no siempre) o enterrarla entre los montones de rechazados de algún editor.

La profundidad de estos cambios y el momento oportuno para llevarlos a cabo dependen de la iteración en que nos encontremos. Veamos:

Primera revisión

Hay que tener mucha cara dura o muy poca idea de lo que se está haciendo para considerar que un texto está perfecto según sale de nuestra mente. Tanto si escribimos sin guión (como Stephen King) como si lo hacemos teniendo a nuestro lado un mapa detallado de qué va a pasar en cada momento, es muy posible que una primera relectura detecte errores de congruencia en la historia, cosas que sobran o faltan o partes poco claras para el lector.

Este es el mejor momento para hacer los cambios más drásticos, como quitar o añadir fragmentos o personajes, o incluso cambiar el concepto de la historia o el final; ya que más adelante alteraciones de esta naturaleza harían que revisiones anteriores quedaran obsoletas, y fuera tiempo perdido.

Segunda revisión

La primera revisión, con todos los cambios que habremos hecho, habrá producido nuevos errores, y ahora tendremos partes ya pulidas (las que permanecieron invariables, que ya han sido corregidas) y otras que hemos modificado en el paso anterior, con fallos nuevos. Al final de la segunda revisión convendría que ambos textos estubieran ya muy depurados.

Aunque estamos aún a tiempo de hacer cambios medianamente sustanciales, esto retrasará la revisión final cuanto más profundos sean estos, por lo que conviene ceñirse a cuestiones de estilo (es muy común la redundancia en el uso de ciertas palabras o expresiones, sobre todo cuando se ha abandonado la escritura en un punto y se retoma posteriormente) o cambios muy menores, como modificar un nombre o eliminar un detalle sobrante o artificioso, siempre cuidando de que esto no de lugar a incongruencias.

Tercera revisión

Afrontaremos la última revisión con la intención de no cambiar nada en absoluto. Nada de "esta frase quedaría mejor así" siquiera. Solo corregir cuestiones gramaticales o fallos de estilo muy obvios (que, por increíble que os parezca pueden habérsenos pasado por alto en las dos primeras revisiones). Hay que tener muy presente esta intención de no cambiar nada, porque lo que en la página veinte puede parecer una genial idea descubres en la setenta que ya se te había ocurrido anteriormente, y ahora tienes la misma escena repetida, o el mismo detalle que aparece en un personaje y en otro.

¿Acabamos?

Idealmente, no. Conviene hacer una última lectura, ya no en el ordenador, sino sentados tranquilamente como si leyéramos una obra ajena, y conviene también que esto sea al menos un par de meses después de acabar con las revisiones porque, y esto no lo hemos avisado aún, el nivel de saturación que se puede alcanzar dándole vueltas al mismo texto una y otra vez puede poner a prueba la más sólida de las corduras.


Espero que este artículo os haya sido de cierta ayuda o, al menos, que os haya puesto sobre aviso acerca de lo que puede llegar a ser una revisión (o al menos, lo que ha sido en mi caso).

No hay comentarios:

Publicar un comentario